Soy de los que cree que el paso de la niñez a la adolescencia no es tan fuerte como el momento en que nos convertimos en adultos. Hablo de ese momento en que por decisión propia o por circunstancias externas tenemos que empezar a preocuparnos por una gran cantidad de cosas que aún no teníamos en mente. Esta vez no se trata de la descarga hormonal, de la rebeldía y de que tus padres no te dejen ir a una fiesta. Esta vez, tienes que preocuparte por tu futuro, en qué vas a dedicar tu tiempo, cómo vas a conseguir dinero y cómo vas a sobrevivir en el capitalismo feroz.
Es posible que te hayas preparado durante un tiempo, que tengas incluso ya un título, que hayas trabajado antes y hayas recibido dinero con anterioridad. Pero la preocupación por el dinero quizás no haya estado antes en tu cotidianidad. Aunque todo depende de la economía familiar, muchos tendremos recuerdos de la época universitaria cuando la preocupación por aprender era la única existente, el tiempo libre se tenía en cantidades más que aceptables y esto combinado con la libertad que te da ya no ser un niño te regala el tiempo para desarrollar pasatiempos, ver películas, series y leer libros a tu antojo. Ahora, si tienes horario de oficina, y además quieres dedicar tiempo a todo lo que hacías tranquilamente en tu juventud las cosas se suelen complicar. Bienvenido a la adultez, dirán muchos, pero no todos debemos vivir así.
Cuando las circunstancias me llevaron a cambiar mi cómodo estilo de vida universitario, de inmediato vinieron los recuerdos de mi niñez. Aquellos sueños que tenemos siendo niños y que no debemos abandonar fácilmente. En mis planes no estaba rodearme de aquello que llamaba "normalidad", allí estaba entonces, sin darme cuenta y sin notarlo, poco a poco acoplándome al estilo de vida que había soñado con nunca tener. Despertar, tomar transporte, trabajar mecánicamente en una oficina, volver, dormir, y ocuparme solamente de mi, de mis necesidades, de mi tiempo y de mis gastos. Atrás estaba quedando el dejar huella, o el simplemente tener una vida que mereciera la pena contar, vivir una vida donde no importara solo yo sino más bien a cuántos se puede ayudar.
De nuevo, el vaivén me sacudió. De nuevo las circunstancias cambiaron y vi en medio de una presunta crisis la oportunidad que estaba deseando. Renunciar, abandonar la oficina y buscar un modo distinto, ¿Acaso no hay maneras diferentes de hacer dinero? ¿Acaso no hay modos de vivir que me puedan otorgar más felicidad, que me permitan encontrar un equilibrio entre el necesario dinero y el tiempo libre que requiero para cultivarme, leer, dormir, meditar y en últimas tener libertad?
Empiezo hoy este blog, después de 3 meses en los cuales he llevado un estilo de vida diferente para hablar de éste vaivén, en el cual el fracaso es una posibilidad. No sé qué vendrá pero empiezo esta aventura de la mano de un memorial, un escrito, un recuerdo. Tomaré éste espacio como la piedra en la cual tallo mis objetivos y narro mis hazañas o fracasos.
Empiezo este blog personal, también, con la esperanza de que alguien más se sienta identificado y tome una simple decisión. La de vivir distinto.



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